1. Análisis previo y definición de objetivos.
Acordamos con el cliente qué zonas inspeccionar, qué anomalías priorizar y qué nivel de detalle necesita el informe. Evaluamos restricciones de espacio aéreo, entorno operativo y condiciones de acceso.
2. Planificación y permisos.
Diseñamos la ruta de vuelo optimizada para maximizar la cobertura con el menor número de baterías. Gestionamos todos los trámites necesarios ante AESA (comunicación de operaciones, coordinación con proveedores de servicios de tránsito aéreo) y permisos del titular de la instalación.
3. Ejecución del vuelo termográfico.
El piloto ejecuta el vuelo siguiendo patrones programados que garantizan un GSD (resolución en suelo) homogéneo, un solape adecuado entre pasadas y un ángulo de captura óptimo. Se verifican en campo las condiciones de irradiancia, viento y temperatura ambiente.
4. Procesado y análisis.
Las imágenes radiométricas se procesan con software especializado. Se aplican correcciones de emisividad, se identifican las anomalías y se clasifican por tipo y severidad conforme a los estándares aplicables (IEC 62446-3 para fotovoltaica, criterios NETA/NFPA para instalaciones eléctricas).
5. Entrega del informe técnico.
El informe incluye: mapa general de anomalías georreferenciado, fichas individuales de cada anomalía con imagen IR y RGB correlacionadas, temperatura medida, clasificación por severidad, ubicación exacta (coordenadas GPS o referencia de módulo/componente) y recomendaciones de actuación. El plazo de entrega estándar es de 48 horas desde el vuelo.